AMAR EN LA DIFERENCIA

¿Quién dijo que para amar a alguien hay que estar en el mismo canal?

Lo que nos hacer “ser” a las personas son nuestras acciones. Y este “ser”, forma de actuar o  de responder al otro está condicionado al menos por dos cosas desde el momento en que hacemos contacto y  comenzamos a entablar una relación con ese alguien.

  1. Un conjunto de emociones, sentimientos y/o deseos, producto de valores, creencias, intereses, discursos sociales sobre lo que es correcto o no entre otros cosas, que van cambiando a lo largo de la vida y que son diferentes en cada persona. Hay respuestas inesperadas precisamente por esa diferencia; solemos creer y esperar de los otros las respuestas que nosotros daríamos en base a nuestro conjunto de emociones, sentimientos y/o deseos.
  2. Una historial de experiencias en las relaciones que nos predispone de alguna forma a las nuevas.

Así que “como soy contigo” marca en gran parte quien eres conmigo  y viceversa.

Siendo así entonces ¿de quién nos enamoramos o de qué nos enamoramos?

Nos enamoramos de lo que somos el uno para el otro en estado puro, cuando aún no hay tiempo de juicios, prejuicios y adjudicaciones; enfocamos cada segundo en disfrutar lo que nos entrega el otro a manos llenas sin condiciones,  y es tan grato, que el temor inconsciente de perderle nos va sumiendo en la amnesia, olvidando que es un individuo con el derecho de elegir, que tiene voluntad y vida propia independientemente de ser nuestra pareja.

Nos enamoramos de las coincidencias y correspondencias,  ¿pero qué hacemos con todas las diferencias?

Negarse a respetar las diferencias es la necesidad de controlar la voluntad del otro, riesgo para nuestra seguridad y bienestar individual –uno busca el bienestar en la relación para el bienestar propio. ¿Cómo es posible amar al otro por lo que es con nosotros (nos cuida, protege, respeta, apoya) y lo que elije para su vida, o su forma de pensar que no coincide con la nuestra pongan en juego el amor?

¿Lo que acepto o rechazo que haga el otro tiene que ver con mis propios intereses, porque respeto sus decisiones, o por ambos?

Respetar las decisiones del otro aún que implique el riesgo de sufrir y se nos caiga el mundo, es dejar el campo libre para que el otro asuma la responsabilidad de sus decisiones sobre su persona  y sobre la relación. Controlar o intentar controlar al otro es anularlo. Y eso no garantiza que el otro permanezca a nuestro lado.

Amar es respetar la voluntad del otro y no hacer hasta lo imposible porque el otro no elija nada que ponga en riesgo la relación.

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