¿QUÉ CONFIANCITAS SON ÉSTAS?

La facultad de decidir (dicen de la llamada confianza en sí mismo) muchas veces se disfraza de dificultad o incapacidad de hacerlo cuando lo que está detrás o debajo -puede ser también al frente- es el temor de si lo que se decide será lo “correcto”. Si alguien lo sabe con certeza, que tire la primera piedra y que nos pase el secreto.

¿No será que aquellos que sienten confiar más en sí mismos son los que tienen menos miedo de afrontar lo que sus decisiones les deparen? Será cuestión de preguntarles.

Aún ante prolongadas reflexiones y/o consideraciones cualquier decisión sólo toma forma en la acción, es decir, lo que decidas puede ser que convenga o no hasta haberlo hecho, por determinado período de tiempo desde un segundo, hasta una vida. Si supiéramos que lo que elegimos es lo que conviene al 100% no habría duda y por lo tanto no tendríamos que tomar decisiones, tan sencillo como actuar mecánicamente sin sa-tis-fac-ción. Parece ser que el sabor y la intensidad a la vida se lo da el saber si hacemos o queremos esto o aquello. Ahora si lo que preocupa es la duda de poder afrontar lo que venga, al final de eso se encarga el instinto de supervivencia: los seres vivos buscamos instintivamente el bienestar y somos capaces de mucho, por no decir que ¡somos capaces de cosas inimaginables! Pero tenemos una ardiente urgencia de sufrir por el futuro que imaginamos siempre como el peor.

El asunto se complica con la idea desgastada de “confianza en el Otro”, sentimiento de seguridad de que ese Otro hará lo que nosotros consideramos correcto y esperamos que haga (atente o no en contra de su voluntad, deseo y libertad).

¿No será que por eso hay taaaaanta gente traicionada, con la confianza hecha trizas o peorcito,  despojada de ella? Sin omitir el deseo de ahorcar y desquitarse con las maldades más macabras a quien falló al valor de la amistad, a la idea de compromiso, a las expectativas del afectado, a los apegos…parece no importar si las decisiones y acciones ajenas son mal intencionadas o deliberadas (deliberar es sentarse a pensar con un poco mas detenimiento y partimos de la propia experiencia, entendimiento y valor individual sobre las cosas), dato importante que puede beneficiar a la hora de lidiar con el dolor de las decisiones ajenas.

¿Se debe de hablar de confianza en las relaciones o de un espacio de respeto a las decisiones propias y ajenas en las que cada quien asuma la responsabilidad de nuestros actos? ¡Ay! pero que difícil es entender que nadie tiene el menor derecho de imponer su voluntad sobre la ajena y que en la libertad de elegir lo que nos plazca, toda elección y acción tiene un precio. Intentar controlar metiendo las narices, juzgando, recriminando, obligando, chantajeando, limita o diluye la posibilidad de asumirse res-pon-sa-bles. Si señor. Otro gallo canta cuando se exponen los miedos y preocupaciones, bueno, aunque eso de hacer evidente que somos vulnerables es un riesgo, al menos se es honesto. Moverse en ese espacio de respeto es dejar de preocuparse por querer controlar a como dé lugar la voluntad ajena, pesada y desgastante tarea.

Tengo la ligera impresión de que al final la confianza en las relaciones no se da ni se gana; se genera cuando se respeta la libertad mutua frente a decisiones deliberadas. Cuando se tiene la libertad de elegir, el único responsable es uno mismo, ni echar la culpa al otro nos salva.

En fin…

2 respuestas para “¿QUÉ CONFIANCITAS SON ÉSTAS?”

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