FELICES LOS CUATRO

Hablar de los deseos “incontrolables” u ocultos en los lugares más recónditos del alma de la naturaleza humana resulta escabroso. Es más cómodo culpar a la anormalidad, a la enfermedad, a la “incapacidad física y mental” de controlar nuestras pasiones, razón que libera de la  responsabilidad de reconocerlos como algo que se hace por decisión propia, una cuestión “moral”. Nadie desea ni tiene la culpa de que se le pegue el catarro, no es cuestión de voluntad, de decisión, así son las enfermedades, las anormalidades…

La voluntad -capacidad humana para decidir con libertad lo que se desea y lo que no- obedece al puro interés de las cosas que son importantes -valores- o que causan placer. Lo que es importante o valioso para una persona está ligado a lo que se le ha inculcado socialmente y a su propia experiencia, por eso no es extraño vivir en la lucha continua entre la emoción y la razón, lo que se siente y lo que se piensa que es razonable de acuerdo a los valores.

El compromiso moral o social -obligación contraída por una persona- no siempre de forma voluntaria, implica principalmente el renunciar a una serie de cosas a cambio de otras. Por ejemplo, un compromiso de trabajo se cumple o se queda sin sueldo, el compromiso con una pareja se cumple o se queda sin ella/él. El trabajo implica renunciar a cosas como la libertad de disponer del tiempo personal de otra manera se corre el riesgo de encontrarse en situaciones difíciles frente a la falta de dinero. Un compromiso de pareja al puro estilo tradicional que es el que aún predomina, significa renunciar a la libertad de estar con otras personas; para que no quede duda, es pasar a ser exclusivo, suyo de su propiedad, sólo para el otro, sólo con tu pareja, dos son pocos pero tres son multitud, difícil los cuatro como desea Maluma.

Una diferencia que es importante señalar, continuando con los ejemplos del trabajo y pareja, es que el compromiso del hecho de trabajar no es una elección, por eso uno trata de encontrar algo que le apasione o disfrute, así reduce la ineludible realidad de trabajar para conseguir sustento. El compromiso de pareja, es VOLUNTARIO, éste sí es una ELECCIÓN. Y sí, uno renuncia sin problema, la mayoría de las veces lo hacemos de todo corazón, convencidos, seguros de que vale la pena. Estar enamorado es lo máximo, lo digo en serio.

El ser humano ha alcanzado cosas que jamás imaginó gracias a su innata necesidad de satisfacer su placer y de conocer, que nuca estarán satisfechos. Todo lo novedoso es extraordinario, causa placer y bienestar hasta que aparece algo nuevo y se medita (tengo la duda) si se reemplaza lo antiguo, se mantiene y rechaza lo novedoso, o se trata de mantener las dos cosas. Reemplazar un mueble es fácil de hacer sin tanto remordimiento, cuando se trata de una relación, hay un problema.

Algo que no se ha descubierto (sarcasmo) es porqué uno cree que cuando se compromete, se deja de desear a cualquier otra persona y la única o único que despierta tu deseo sexual, al único al que puedes ver hermoso es a tu pareja. Tristemente ésto es mentira. Si uno deja de ver que estamos rodeados de gente que despierta algo sexual es porque uno ha renunciado o reprimido a verlo, hacerlo es sentir que se falta a la moral o que se pone en riesgo lo que uno siente por la pareja, es jugar con fuego, con el compromiso. Que alguien o todos se te antojen habla tan sólo de tu naturaleza animal. Ese no es el problema. El problema es qué decides hacer con esa emoción, sentimiento, pulsión, deseo:

1. Darle rienda suelta arriesgando una valiosa relación, jugar con ambas hasta que se venga abajo.

2. Meditar, revalorar lo que se tiene, poner un alto y darse la media vuelta.

3. Ser honesto con tu pareja y decirle que quieres echarte una cana al aire.

Optar por la tercera seguramente es asumiendo que serás despachado del compromiso.

Si se elige la primera, cuando el caos se desata, es comodísimo echarle la culpa a la pareja, a los problemas no resueltos, a lo aburrido de la relación, a que tienes un grave problema de control de tus bajos instintos, a que eres “mujeriego u hombreriega”, a que sufres de una conducta patológica.

Seamos honestos, elegir la uno o la tres es faltar al compromiso. Muy posiblemente las parejas no sean lo que uno quiere (ni tendría porqué serlo), pero no hay nada que justifique faltar al compromiso, no es el otro quien orilla, es algo que uno ELIJE.

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