LA MEDIDA DEL AMOR LA DA EL WHATSAPP

Le mandé un mensaje por whatsapp a las diez de la mañana y me dejó en “visto”, respondió hasta las 4pm. Dice que se quedó dormid@.

Veo que está conectad@ a las dos de la mañana ¡y no está hablando conmigo!

Pasa mucho tiempo sin mandarme un “whats”.

Ya no me manda mensajes de buenos días.

No me deja leer sus mensajes del whatsapp.

Eliminó la opción de poder ver a que hora se conectó por última vez.

¡Me ha bloqueado de su “whats”!.

Cuando no habían redes sociales ni mensajes de texto ¿Cómo sabíamos las parejas de hace 25 años atrás si eramos amados? ¿Qué cosas nos daban la seguridad de que nuestra pareja deseaba estar y/o hablar con nosotros? ¿Qué nos aseguraba que mientras no los viéramos nos estaban siendo fieles? ¿Cuánto tiempo nos tomaba recuperarnos de un rompimiento si perdíamos todo contacto? ¿Cómo le hacíamos para aplacar el deseo intenso de verle o contactarle?

Uno no puede “ver” lo que no conoce; no se podía añorar lo desconocido (las formas de las que hoy se disponen para ejercer control sobre el otro, como las redes sociales) así que sólo se podía controlar a la pareja mientras estuviera presente o a la vista. Las cosas de las que se dispone en cada época encajan perfectamente en lo que se conoce, es decir, era imposible imaginar tratar de controlar las acciones de la pareja con un aparato, no se necesitaba mas que esperar a verle, tenerle cerca, o enviar un vigilante (cualquiera que lo encontrara con las manos en la masa) para dudar o “asegurarse” de su amor y / o fidelidad. Se estaba y está muy lejos de imaginar la vida de otro modo, antes sin whatsapp hoy con éste. La necesidad de control se ajusta a las herramientas de las que se dispone, y ni antes ni hoy, ésto garantiza lo que se busca, asegurar que nos amen.

Responder el whatsapp de inmediato, no dejar en visto, configurar si se aparece conectado o no, y todas las demás opciones que se usan para medir el amor del otro, su fidelidad, no determinan el amor entre las personas.

Cuánto procuras, cuidas, valoras, estás presente, cuánto escuchas, aprecias, respetas la libertad de ser y estar del otro, son cosas de más valor y dicen mucho más, que un par de palomitas azules.

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