LOS PERROS

https://www.lajornadamaya.mx/2019-12-05/Los-Perros

Foto: INBA
Alicia Ayora
La Jornada Maya
Jueves 5 de diciembre, 2019
Los alaridos frenéticos, rasguños y golpes desesperados de sus cuerpos sobre las puertas de la casa, al acecho ansioso para atacar a su presa, pusieron mi piel de gallina y mis lagrimas brotaron en borbotones. Vi como envolvieron a la niña de doce años, Úrsula, con una cobija para robársela y hacer con ella lo mismo que hicieron a Manuela su madre, violarlas. Por meses anduvieron sigilosos merodeando a su presa, Úrsula, mujer, inocente, niña que vive sola con la madre, carne de cañón, sin fuerza física que haga contrapeso a la del atacante, a quien la edad y el miedo le imposibilitarán poder defenderse, quejarse. Úrsula de la que nadie se va a acordar en un par de semanas, y mientras se le recuerde, será con el discurso de la pobrecita, de la una más, y por la que nadie hará justicia, pues no existe para los indefensos, los más vulnerables.
Todo esto pasó por mi memoria y por mi cuerpo. Fui embriagada por un sentimiento de impotencia y rabia, sobre todo de una infinita tristeza. Indignación.
La actuación de alumnas del ESAY en la puesta en escena de Los Perros de Elena Garro, para mí, simple mortal que va a gozar del teatro, pareció brillante, movieron a los presentes de plano de consciencia, nos acercaron a la realidad a través del teatro. Ver Los Perros fue pasar de lo que imagino mientras escucho o leo sobre una historia de horror, a la cruda representación visual de la misma, el proceso en corto de cómo puede vivir una mujer en el ámbito privado un abuso sexual, una situación de la larga lista que se repite a diario en el estado, en el país.
Como obra de denuncia sobre la pobreza y la opresión en la vida de la mujer, al menos de los años 60’s cuando fue escrita, la inocencia de Úrsula, el miedo y la aparente resignación de la madre a su vida y la que le espera a su hija fueron contundentes, reales, pues prevalecen en el 2019.
Si, las mujeres hemos logrado reivindicar derechos en el ámbito público, como el voto y la participación ciudadana, podemos exigir sin miedo o sin tanto lo que nos corresponde, como el respeto a nuestra libertad de opinar, elegir, el derecho a ser reconocidas. Sin embargo, en el ámbito privado, lugar donde las vidas moran en pequeños núcleos, en familias, en algún tipo de relación, muchas mujeres viven aún bajo el mismo yugo u opresión de 50 años atrás. En lo privado hace mella directamente la cultura, la educación, los valores, la emocionalidad, la racionalidad. En lo privado, nadie se mete, las únicas que pueden intervenir son la ley y la justicia, pero ¡no llegan! pasan de largo o juzgan sin perspectiva de género. De la opresión en lo privado cuesta más trabajo liberarse y reivindicar los derechos por que se está relativamente solo y vulnerable.
Nos subleva el hartazgo, el dolor, el amor por los hijos, la liberación de uno mismo frente a los roles jugados socialmente, el amor propio cuando queda.
El último recurso de sobre vivencia es la huida, bajo el riesgo de caer en una nueva jauría, en la que hoy muy probablemente se repita la misma historia.

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